Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos…Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees…

© ɱağ

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima…

11 de julio de 2017



Me despido de vosotr@s hasta septiembre u octubre. 
Echo las cortinas de la Trastienda y, por ende, del Pecado... durante este tiempo, sin que ello implique que  os deje de observar, de leer o atender...
Mis mejores deseos para tod@s. Sed felices y disfrutar de la vida, que no queda otra... y, de momento, es la única.
Muchos besos y muchos abrazos buenos.

¡¡¡FELIZ VERANO!!!


3 de julio de 2017

Quebrante de Luna de Sal...


Duerme la noche.
Aquí.
Entre mi pecho y mi espalda.
Desnuda.
Sola.

Ruge el mar.
Aquí.
Llora.
Salpicando las cuencas de mis ojos.
Bajo las peregrinas de mis pestañas.
Aletean.
Se vuelve sereno.

Late la luna.
Aquí.
Entre mis costillas,
velando mis entrañas.

Pasos lentos de besos dormidos
y caricias yermas.
Ya no duelen.
Se pierden entre mis muros.
Brama el mar en la garganta.
Aristas de saliva.
Dormita la noche.
Espuma quebrada.
Entre mis muslos,
aquí,
yace la luna.



21/12/2016

21 de junio de 2017

Tentación...


Mis noches eran auténticos calvarios donde los pensamientos prendían en mi mente, bullían espumas entre los dedos de mi mano y creaba suspiros con su nombre. Gemía las ganas que me mataban, y, el repentino arrepentimiento de desearla, laceraba mi alma una y otra vez. 
De día, me preguntaba por qué el hijo del hombre no podía tener su propia María Magdalena, llenarla de Pecado y bendecirla con la semilla del más grandioso deseo, comulgarla con mil besos y vestirle la piel de sudor.
Día tras día, ardía en ese fuego y me consumía como las velas de los atriles. Mi pecado no se exoneraba ni con un Padre Nuestro ni un Ave María. Ni siquiera con veinte rosarios en latín con todos sus misterios apartaban de mí ese cáliz. Iba directo al infierno pero el infierno lo tenía yo entre mis piernas y, entre las de ella, deseaba escribir los versos más prohibidos con la punta de mi lengua, clavarme en sus entrañas, desbocarla salvaje hasta empaparme de su esencia y tragarme sus demonios exorcizados.


No calumnio la Palabra aunque me vuelvo irreverente y hereje entre los párrafos de mi biblia donde descubro de entre el espíritu, la carne. Creo en mí. Rezo por la orbe de los milagros y la salvación de las almas. Entre ellas, la mía que es de hombre por encima de todo. Y no reniego de la Carne. Pues eso somos: Entrañas y Ánima.
Mi Animus, se alimenta de este deseo y me emborracha. Mi alma se reconforta. Necesito vivirlo... Sentirlo.


Mas los caminos del Señor son inescrutables e insoldables sus juicios. Sus sendas están llenas de misericordia, y se apiadó de mí. Obró el milagro que me llenó de gozo cuando la vi aparecer ante mis ojos como una Lilith.
Su voz sonó angelical y en su mirada reinaba el mismísimo diablo. Su boca, puro Pecado. Sus pechos, las manzanas del Edén. Y en mi entrepierna, la encarnación de la serpiente.
Dominado por el placer de saberla, ante el hombre de Dios, venció el hombre de carne y pecado existente en mí, y caí en la tentación con encomienda divina. Inconclusamente, mis manos tomaron las suyas. Las besé como quien agradece una bendición Cerré los ojos y respiré ese momento en el que ella era tan cómplice como yo.

Supe que sus días y noches habían sido también un infierno. Ardíamos en las mismas brasas. Nos atormentaba el mismo fuego. El mismo que nos daba la vida y nos estaba matando.
Nuestras miradas hablaban por nosotros. Nuestras bocas se respiraron. Tomamos la bocanada de aire y nos envenenamos de la misma lujuria. Nuestras manos se hicieron enredaderas sobre la piel del otro y la razón se perdió entre gemidos y susurros.
Estábamos condenados a consumirnos y sernos.

Hice acto de contrición ante la hembra y, postrado de rodillas, la endiosé para buscar el manantial de su cuerpo, el agua bendita que me ungiera.

Y juré, en vano, no caer en la tentación. Simplemente, la hice mi Religión...



Este jueves, Leonor, desde su blog
"Playa del Castillo" 
nos hace caer en la tentación...

9 de junio de 2017

11

La   Dama y el  Poeta



Ahí aparecía la luna, como una gran bola blanca al fondo del horizonte, iluminando el camposanto y llenándolo de una espectacular luz que proyectaba las sombras de los cipreses, cruces, gárgolas y esculturas que formaban parte del paisaje. Los nombres de los muertos tintineaban al ocaso.
Ahí solo quedaba él. Ajeno a cualquier mirada.


Sus pasos eran firmes pero no rozaban el suelo. Eran como un par de hojas que el otoño rendía a sus pies dejando que el viento las meciera.
Surgía de entre las sombras atravesando las calles del cementerio como un fantasma. Impertérrito al tiempo, fijo en sus intenciones, hasta que llegaba al banco de piedra donde tomaba asiento y se sosegaba.

Inmóvil. Maravillado. Un Pigmalión ante su obra. Asentaba su mirada en la escultura del lago. Esta se alzaba exuberante y envuelta en un halo de dulzura pero agreste al mismo tiempo.


De pie, con una mirada que se clavaba como una daga de doble filo, se erigía diosa, virgen a adorar, únicamente vestida por una túnica gentilmente enredada al cuerpo.


Los rayos de Selene se encauzaban entre las ramas de los árboles, dibujando sombras perfectas sobre el cuerpo marmoleado, acariciándolo y envolviéndolo en una magia única que no solo le había embriagado a él.
Su corazón palpitaba con tanta energía que jamás se había sentido más vivo. Nunca antes habían tremolado sus entrañas como le vibraban ahora, ni su pálida piel, rasgada y abierta como parecía notarla.
Respiró profundamente. Sabía que era el momento. Se puso en pie. Se arregló la levita, acomodó la alta chistera, tomó con determinación su bastón, y se dirigió decidido hacia el pequeño  lago, altar de la escultura.



Desde la orilla volvió a observarla. La recorrió con mirada vidriosa, de pies a cabeza, con el deseo enjuagándole en un sudor frío.
Caminó sobre la pasarela flotante hasta situarse a su altura.
Extendió la mano, nívea como el mármol del cuerpo de mujer. La deslizó suave desde la cintura hasta la cadera, hasta el remate que vencía la falsa tela. Percibió una especie de fuego en sus yemas. Se estremeció por completo, atrapado en esa extraña sensación.

- Sauala… -la llamó desde sus adentros-. Amada mía- musitó.

Su ser simuló eviscerarse y, al instante, zozobrar en una cadencia que le hizo postrarse de rodillas.
Solo en ese momento, la luna parecía iluminarse más, como si se hubiera producido un milagro que la convirtiera en mujer.
Sintió que la piel le ardía y, de pronto, volvió esa gélida caricia que le hizo tiritar. Inspiró. Dejó salir el aire tan lentamente y con tanta intensidad que se convirtió en un suspiro de amor.



       Los primeros rayos de sol se levantaban anaranjados desde la colina, arañando los eriales y recorriéndolos hasta romper  contra… No… ya no chocaban contra la figura de piedra del Poeta de los versos diamantinos.

Una joven depositaba unas pequeñas ramas verdes a los pies de la peana vacía, sin más trascendencia. Miró hacia el lago, casi por el rabillo del ojo. Desde ahí la vista era directa sobre el centro. Le pareció indiferente que la Dama no estuviera en su sitio.
Acomodó las ramas, apoyándolas en la piedra donde vagamente podía leerse la palabra "Poeta". Sonrió ante la avispada conversación de las dos señoras que se acercaban hasta ella.

- ¡No puedo creerlo!  ¿Qué clase de osado se atreviera a robar dos estatuas?
- Qué canallas, ¿verdad, señorita? –le preguntó una de ellas. La joven se encogió de hombros y, simplemente, mostró la mueca de una sonrisa complaciente. Unos pasos más allá, tras las mujeres, reconoció la figura masculina.
- Señoras… -saludó el hombre haciendo ademán de quitarse el sombrero-. ¿Nos vamos,  querida?
- Sí. Ya he terminado -respondió arreglándose la falda tras ponerse en pie.
- ¡Se parece al poeta! –susurró una de las mujeres a la otra, viendo como la pareja, tomada del brazo, se alejaba por el paseo.


Hay quien dice que en algunas noches de luna llena el lago se seca, y sobre la tierra cuarteada puede verse a la Dama del Lago junto al Poeta. 


Tema 11/52: Inventa un relato donde des vida a dos objetos.

4 de junio de 2017

Desenredada...

Te miro... Te declamo. 

Entre la lluvia y el amanecer de las nubes, 
abro mi espíritu a las caricias del Viento. 
Arrastra sus largos dedos sobre mi piel.
Hala las brumas que de tanta lasitud la han vestido,
La peina de toda aquella astenia que la hace pesada. 

Así, 

desenredada

Mi Ánima se llena 
de hálitos que la hacen palpitar, 
Blanca, Transparente...
Vibra cual pájaro ígneo 
vestido de sus reliquias,
consagradas a Su Vuelo. 

Rocío
estas gotas que salpican Lunares.
Me insuflo 
orbe de estrellas. 
Danzo en obertura. 
Introito de mis pies sobre los siales de las arenas. 
Sinfonía sin decadencia. 


1 de junio de 2017

Alas de Pájaro Inmortal...

Silabeo 
en callado mimo 
cada línea de tus Encinas. 
Huellas de versículos, 
amalgamas de sentidos, 
sensaciones y pasiones 
sembradas y enraizadas 
en la aljaba de mi alma. 

Madreselvas trepa(ro)n 
desde este Siempre, 
sobre aullidos y sombras de Lobos, 
hasta el crepuscular rugir de una luna, 

no huérfana. 

Tan desnuda como albina. 
Tan ignota en su sangre, 
Tu sangre… 
Remembranza de tu aliento. 
Hálitos eternos. 

Tu Luz
tornasolada de cerúleos y arreboles, 
se hace espuma 
en las latientes de Tus Costados. 
(Me) 
Susurra las noches en ellas posadas. 
Cien mil fuegos. 
Oráculos versados. 
Ígneos, 
con Alas de Pájaro Inmortal… 


In Memoriam, Deux.


24 de mayo de 2017

Vuelo fraguado...

Cuando somos tú y yo
los que nos encontramos entre la rocas que envuelven arenas, 
y nos hallamos entre los quejidos que cubren a la noche...
Cuando somos los dos quienes terminamos erosionados en el suelo, 
repletos de lágrimas saladas exudadas de la piel agasajada; 
cuando tu danza se convierte en el espejo de mis retinas 
y mi cuerpo baila en alabastros sobre tus tintas negras... 


Cuando tus manos galopan mansas en los ciegos de lividos labios 
y de mí nace la luz que escama tus suspiros enarbolados en banderas vírgenes… 
Cuando todo eso es un infinito creciente entre mis vientos y mis lunas, 
entre tus gestos crepusculares de salvajes fragancias adheridos
y se vuelve tibia la carne que en flamas densas ha ardido… 
entonces,
solo entonces,
somos vuelo fraguado.



4-octubre-2016

15 de mayo de 2017

EternitaEs...

Perdí mi norte en el hálito de tus cardinales. 
Brindé con mi aliento cada beso de tu boca 
y esculpí, como cincel afilado, 
cada pliegue de tu piel. 

Efímera en la eternidad de tus caricias. 
Junco de anea en los sillares de tus caderas. 
Vagué, errante, en el eco salvaje de tus entrañas. 
Redimida fui de mis vergüenzas en el fuego de tu sangre.


©ɱağa 20-4-17

4 de mayo de 2017

Meditatio...




Eterno celeste de arreboles encastrados en Silencio.
Luna nívea acariciada por el Viento.
Sol emergente entre los febreros de mi boca.

Un sonido acuoso y silente.
El arrullo de un colibrí en mi pecho.
Aliento medido en sueños.

Formas pétreas ancladas en el Tiempo.
Espacio infinito de esta Alma mía.
Latido imperfecto para el cauce de Sus Manos Perfectas.
Conciencia plena de Suspiros germinados.

Engendra de Sentimiento.
Meditatio...







Este jueves, Roxana, desde su blog
"Soñando uno de tus sueños" 
nos invita a vivir una imagen.
Esta es la mía. Es su casa podéis ver otras alternativas.

1 de mayo de 2017

Il est là...




No hay rubíes rojos en las pupilas de tus noches sin luna.
No hay letras perdidas en la rúbrica de tu nombre.

Je veux crier Ton Nom.

Plumaje negro infinito en el rocío.
Sonrisa adolorida que en susurro tartamudo

 … late.

Vuelos a ras de regios acantilados
donde braman esos ciervos de tu pecho
caracolas arreboladas y níveas.
Sauces llorosos de sal.
Arenas en esta Alma.
Bancales de lágrimas.
La poitrine pleine de lis noirs.


Mariposas de tus dedos liando feuilles de tabac.
Aroma de noches en vela.
Mil palabras susurradas.
Sanscrito en tus pensares.
Pulso de las hiedras blancas arrancadas de cuajo
ou on peut faire une couronne d'épine.
Aguardiente en las brisas de tu boca callada
de momentos no efímeros,
perpetuos en la memoria.


Une ombre grise est habille dans ce ciel givré.

Mi pensamiento.
Tu vida inmortal.
Mi recuerdo de Viento.
Tu latido inmenso.

Eternité.

Embrasser tes plumes ouvertes avec mes bisous de sel.
Regardez les oiseaux du ciel!!!
Il est là…

Il est là…
Il est là…

Là.



Dijimos de volar.
On volera!
 Deux, a votre coeur à tout jamais.

28 de abril de 2017

Metamorfosis...


Me sentía observada y estaba segura de ello. Mi primer sentido me advertía de su presencia. Era como en otras ocasiones. Ese alarido que hacía temblar el alma que no tengo, la enervación de esta dura piel que se abre una y otra vez para dejar nacer este ser, a veces oscuro; otras, con menos sombras. 

Me detuve en medio de la niebla que envolvía aquel solitario lugar donde algún gato maullaba en alguna callejuela oscura. Sabía por qué estaba ahí. Miré hacia donde mi instinto me decía. La cortina se movió, como si alguien la hubiera dejado caer. Me subí la solapa del cuello de mi abrigo y crucé mis brazos sobre el pecho para seguir caminando, arrastrando los pies sobre los adoquines mojados. 
Iba en la buena dirección pues percibía la sangre hervir en mis venas y esa sensación previa a cuando mis ojos se llenan de cristal de sangre; cuando se despierta en mí un voraz apetito de carne humana, cuando emergen mis esencias creadas tácitamente desde la mente de un loco. 


Atrás quedan los aplausos, los fans, esas rivalidades en prime time… Ahora soy yo. La de verdad. La mujer sin corazón, la devora hombres literal, la sedienta de carne y de sangre; la más cruel, la que no tiene contemplación cuando este ávido deseo me ciega la mente y despereza todos esos instintos salvajes. Mara

Estaba más cerca y debía actuar rápido. No disponía de mucho tiempo y, ante cualquier imprevisto, no siempre puedo controlar mi transformación cuando estoy de caza. Giré en el siguiente callejón a la derecha. Era fácil obtener presas ahí. Un lugar de mala muerte lleno de putas baratas, borrachos babosos, traficantes, crápulas…, pobres diablos y carnaza para no escrupulosos. Era lo que necesitaba para aliviar mi hambre y no esforzarme mucho. 

Mi piel se abría. Notaba la metamorfosis. Se me dividían las encías y salían esas dobles hileras de cuchillas. Los ojos se me llenaban de sangre y se me acentuaba la visión térmica. Podría escuchar los latidos de mi doble corazón y el crujir de los huesos en su crecimiento y la tensión de mis músculos. Tenía ya mi presa. Ahí. Ante mis ojos. Solo tenía que acercarme un poco más. Dejar que me hediera el aliento rojo y se adormeciera para caer en mis redes sin más. Ese momento es crucial para mí. Cualquier interrupción y podría sufrir algún tipo de lesión interna… Y estoy sola aquí. Podía escuchar la pulsión de su alma, el bombeo de su corazón, el sonido de su sangre corriendo por sus vías. Mi boca salivaba ese jugo pastoso con el que macerar cada bocado. 

- ¡Felicity…! 

Su voz fue una puñalada en mi constante más vital. Me giré hacia él. Le había reconocido. Lo haría en cualquier parte. Exudaba esa frialdad con la que me doblega. Es mi sombra. Mi parte más humana. Sabía que no me había equivocado cuando la cortina se movió.
Su mirada me atravesó como una daga de fuego.



Vuelvo a esto de los "Relatos de los Jueves" de la mano de Demi  que nos anima a mostrar una visión particular y derivada de su personaje Mara Laira. Esta es la mía a colación de las otras que ya he escrito sobre ella.
Más visiones en su casa de Hurligham

20 de abril de 2017

Retumbe...

Siento tu voz,
proclamando sentimiento en mi interior, 
como lágrimas nocturnas bañadas de destierro.
Aletea tu pensamiento
acariciando mi corazón a golpes de aliento, 
en variable sístole… o diástole,
dibujando parábolas convexas.

Desconvoco el vacío pleno de tu sentimiento, 
colándome entre los resquicios de las ausencias, 
gritando en el eco de tu alma.
Desbordo el deseo. 
Agonizo el sosiego.

Taño en mí todo tu tú. 
Alzo al cielo la rogativa de estas punzadas
 atravesadas en mi alma.
Los pasos sigilosos en el fino barro 
como las caídas de sangre, 
como el silencio roto…


Mag, 18/8/16

5 de abril de 2017

10

Maya y yo




El cambio de casa me estresa. He empezado a empaquetar todo. Y cuando digo todo, me refiero a… TODO. 
Sigo con esa manía mía de guardarlo todo como si me fuera a hacer falta. La verdad es que es la “Ley de Murphy”. Basta que lo tire para que luego lo necesite. Y así es como encontré aquella caja que no había tirado en todos estos veinte años. 
La abrí. Allí había pinturas de colores, pinzas de tender la ropa con el nombre de aquel cantante de un solo día, cartas a un amor no correspondido e imposible…, corazoncitos, mi nombre mil veces escrito (¿sería que tenía mi ego algo subido o que, simplemente, suena bonito?). Pero lo más grave no es eso. Lo peor es que todavía están esos pequeños muñecos de goma dura que borraban (y borran. Lo he podido comprobar) el lápiz, un sinfín de lapiceros y un par de esos bolígrafos de mil colores que hicieron furor. Uno de carcasa roja. Otro, azul. 
¡¡La abeja Maya!!
¡¡Dios!! ¡¡Me encanta!!


Me sigue gustando y es que me veo en ella. Ya no es que sea regordeta y tenga los cabellos rizados, que conserve alguna que otra peca en las mejillas, que mis ojos sean grandes como los de ella, que por hacer el bien siga metiéndome en líos… o que todo lo vea divino de la muerte, que siga dando algún que otro toque a algún que otro Willy, y ponga en su sitio a algún que otro Flip, O, porque siga siendo traviesa y pícara aunque con matices muy diferentes; porque siga haciendo alboroto por pequeñas cosas y me calle las gordas, como si tuviera respuesta para todas ellas… 
Sí, definitivamente, voy a cerrar la caja y guardarla de nuevo.


Tema 10-52: Haz una historia con una protagonista que evoque tu niñez.

1 de abril de 2017

Escucho tu voz entre las sílabas de mis palabras… 
Aunque hable en susurros 
pues se oyen más que los gritos para quien sabe escuchar… 
Mas basta cerrar los ojos y sentir los aleteos. 
Vuelo en silencio para asomarme despacio desde tu espalda. 
Y ni el silencio se atrevería a romper la piel negra sobre  la piel albina. 
Plumas negras sobre Luna blanca. 
El aire de mis alas es como un aliento suave, 
un fuego que ilumina como el ave del cenit. 
Un fuego al que pedí que me acompañara... 
y ya no me dejó... 
Ese fuego que camina conmigo… 
Ese fuego que despunta al final de tus alas 
en vuelo pétreo e intemporal, perenne… 
El fuego eterno como el graznido del santo Cuervo 
cuando evoca la luz de la Luna


"Voz de Cuervo y Luna Blanca"
© de ɱağa y Deux Courbeaux
22 de septienbre de 2016




Ni sé hallar palabras pues las mías son solo de agua en estos momentos sobre un horizonte tan oscuro como tus alas. Esas alas que desde que te conozco me han abrigado y me han mostrado otros mundos que conocía, otros mundos que había olvidado, otros mundos que conocí como nuevos... Otros mundos que ya no conoceré... O tal vez, en ese tiempo de eternidad pueda vislumbrar. 

Hoy te siento en mí con la tinta de tus letras y de tus palabras... En este momento donde nada puede calmar. Ilumino mi dolor con una vela. Mi pensamiento se llena de ti y mi alma se parte porque, de algún modo, presentía esto. Pero aún así el dolor, la angustia... que siento me embriagan de tal manera que siento revolverme en las entrañas. 

Deseo abrir mis alas blancas, blancas de brillo de luna, hasta quebrarse. No importa el dolor. Importa la luz y en ella deseo verte, por el sentimiento que te profeso, por las alegrías y cariño que he recibido, por esos tragos de "calvario" que acompañaron nuestras charlas.... Por todo eso, Gracias. Gracias por tu aleteo, por tu vibrar, por tu sabiduría..., por todo tú... Gracias infinitas. 

No hay mundo donde me pueda cobijar ahora pero sé... Yo sé... que tú me entiendes... Ahora ya sé qué es llover por dentro. Y yo te acompaño en este último vuelo, desde la sal de mis lágrimas, desde el dolor de mi corazón, desde la angustia de cada pedazo de mi alma... Siempre estarás... a ese otro lado del puente... esperándome... 

Vuela, Mi Cuervo, vuela. Vuela tal alto que tus alas se llenen de escarcha y en Amor, te acaricie en esta eternidad en la que ahora vives. Te llevas una parte de mí. No lo olvides. 

Me queda todo bueno de ti. Todo. Y me dejas tu legado, las palabras invisibles y las palabras escritas, la tinta de Tu Alma acostada en la mía... Y yo... Algo mío se va contigo, latiendo, viviendo eternamente.
Sé que no quieres verme así pero, ¿cómo hago cuando mis alas se han quedado huérfanas? Huérfanas como los cisnes de tu estanque, como los mirlos de tu árboles... Aprenderé a volar de nuevo porque debe ser así pero el cielo ya no será igual.

Cumplo tu deseo. Grito tu marcha a los cuatro Vientos, los que te han acariciado siempre. Los que nos hicieron volar juntos...
Vela mi vida, Mi Cuervo. Vélame. Sigue acariciándome en silencio, ya sin sin palabras, pero con la punta de tus alas, las que me llenaban la boca, las que venían llenas de escarcha cuando me regalabas palabras, o se llenaban de arena de mis desiertos...

Más allá de ese todo... Mi beso. Mi abrazo. Mi Sentir. Sea Tu Paz en el horizonte de esta Luna que siempre te acompañará como me acompañará el brillo de tu Alma. Siempre Eterno, Mi Querido Cuervo. Siempre. 

Mâga como tú me nombraste, como tú me sentiste...
Mi Cariño siempre, Deux.
1 de abril de 2017

22 de marzo de 2017

Agua y Sal...

Agua y sal,
tapiz que colma la quebrada de mis ojos
cuando, en sentido silencio,
miro los surcos horadados en las palmas de mis manos.
Aprieto los puños.
Se  clavan las dagas de media luna.
Arde la sangre
Y se derrama gota a gota.

Muerdo mis silencios.
Nacen pájaros de alas abiertas
Y de las yemas de mis dedos,
añoranzas y caricias,
con olor a piel de ausencia,
de nombre recordado.

Viento que araña.
Arena de mil granos de fuego.
Lija que me inclina
en el sino de las cruces de mis dedos
y en la retórica de mis piernas,
gigantes heridos postrados al destino.

Cerradas estas noches que parpadean
en trémula lujuria de luna plena,
abanicos de plumas negras al horizonte.
Amanecen en la comisura de mis labios
hojas caducas en este torrente de rocíos marinos.

Dulce salinidad,
agua fuente,
que cae por mis perfiles
al amparo de tu boca,
a la memoria de tu Amor,
al sentir de ese beso,
estrella en mi frente,
como designio de mi SerTe.
Objeto magnánimo de este Sentimiento.


18 de marzo de 2017

9

Mi soledad y Tú



Aquella noche salimos a pescar. Clavó las cañas en la arena y nos sentamos a ver pasar el tiempo. Eso es algo que se me da muy bien, como tú me dices.
Estuve toda la noche bajo las estrellas. No dejé de pensar en ti.

El cielo estaba dorado y el mar, también. Las olas besaban sutilmente las arenas de la orilla. Decían algo que no comprendí.
Susurros de esperanza.
Arrullos de deseo.
Bisbiseos de besos.
Tu nombre.

Pensé que saldrías tras alguna de ellas con tu vestido de espuma blanca. Transparente como tu corazón…, blanquecina como tu alma. Temblé entero. Me acurruqué en mí mismo. Me abracé como tú lo hubieras hecho, y me sentí pequeño en la inmensa soledad.

El cuadro era perfecto pero faltabas tú… y tu luz.



Tema 9-52: Escribe un relato que integre las palabras "luz" y "cuadro" como elementos relevantes del argumento.

12 de marzo de 2017

8

El dedal

El corazón es un horno de fuego





Aquello quejidos me partieron el alma. Caminé con ella en brazos hasta la cueva. Su aliento chocaba contra el mío.

- Shhh… No hables -le dije.
- Hablas cinco idiomas y nunca quieres hablar.

Aquello me hizo sonreír. Respiré hondo y miré esa parte suya que me enloquecía, de la que me había enamorado y que había hecho mía. ¿Cómo había llamado Madox a esa vaguada, ese valle que nace al fondo del cuello? ¡Escotadura supra esternal!





Esto es mío: Pediré al rey que esta maravilla se llame el Bósforo de Almasy, le había dicho en aquella ocasión.





Me fijé que todavía llevaba el dedal. Aquel que compramos juntos en el mercado, cuando todo parecía perfecto, cuando dimos rienda suelta a nuestro amor y a nuestras pasiones. Idiota, me llamo, confesándome que siempre me había querido, que seguía amándome. No pude evitarlo. Me llené de emoción, de rabia, de impotencia… Un cúmulo de sensaciones que confluían en esa cobardía que había hecho no saber enfrentarme a mis sentimientos y a la realidad que subyacía bajo la apariencia de un matrimonio bien avenido.
Mi hermética personalidad…
La atraje hacia mí y lloré desconsoladamente pegando mi mejilla contra la suya, mientras mis pasos parecían flaquear y a ella el aliento.

Katherin estaba mal herida. Le arropé un poco más. Encendí un fuego. La curé como pude. Inmovilicé su tobillo y su muñeca…, y no tuve más remedio que salir de ahí en busca de ayuda. Si no lo hacía, los dos moriríamos. Si lograba llegar a la ciudad más cercana, al menos cabría la esperanza. Pero eran tres o cuatro días andando, además, de que podría encontrarme con alguna tropa militar. Le dejé agua y comida suficiente, una linterna, un lápiz y uno de mis cuadernos. Le prometí que volvería a por ella y que jamás la abandonaría. No volvería a ser como antes. Además, muerto Clifton… Egoístamente… el cielo quedaba abierto para ambos.

No sé cuántas horas llevaba andando. El sol era un castigo pero no podía pararme. La tormenta de arena fue lo que no esperaba. Tuve que detenerme, refugiarme en mi mismo y aguantar como pudiera con las poca fuerzas que me quedaban. Recuerdo el sabor a arena y como esta se convertía en millones de látigos que azotaban mi piel, hiriéndola aun por encima de mi ropa.
No logro recordar más.

Cuando desperté habían pasado cuatro jornadas, con sus días y sus noches. Me hallaba en un sitio desconocido, tumbado sobre un camastro limpio. Yo estaba aseado; incluso, afeitado. Vestía una especie de túnica larga que me llegaba hasta los tobillos y tapaba mis brazos hasta las muñecas. Tenía las manos vendadas y sentía paz en todo mi cuerpo. Recuerdo que escuché voces de mujeres. Hablaban todas a la vez y me costaba comprender. Desconocimiento y aturdimiento.
Cuando pude aclarar mi vista, que no mi mente, no podía creer lo que estaba viendo. Ante mí, como un ángel llegado del cielo, estaba Katherine. Quise sonreír pero me dolía la cara. La notaba como si tuviera un cartón pegado.

- Shhhh… Estás a salvo, mi amor.
- ¡Khat! - Estoy bien, condesito –Y su sonrisa me pareció un milagro.- No hables. Eres muy mal paciente...

Me dio un poco de agua y respiré profundamente. Pacientemente, Katherine se encargó de ello. Una pequeña caravana de lugareños se alejaba de la ciudad y de la zona de conflicto. Los británicos controlaban el área y era un ir y venir de tropas. El destino, la suerte, el azar, Dios o Allâh, les había cruzado en mi camino. Justo antes de la tormenta de arena me habían avistado. Antes de vomitar la arena y perder el conocimiento había sido capaz de explicar el porqué de hallarme allí. Sin dudar, aun a riesgo de poder tratarse de una alucinación, fueron en su busca. La habían cuidado como una más de su gente. Y a mí…Y a nuestro recomenzar.


Tema 8-52: Usa una escena romántica de una película que sea reconocida y dale un giro sorprendente para cambiar totalmente la historia.

7 de marzo de 2017

7

 Un antes lleno de recuerdos.
Un después lleno de olvidos.



Se había levantado aquella mañana más contenta aunque no sabía el motivo. Observaba el paisaje a través de la ventana. Siempre le había parecido muy hermoso. Y parecía reconocer al gato cuando se rozaba en sus piernas, ronroneando, aunque, simplemente, lo llamaba “gato”. Era lo único que tenía claro de él.

Su vida era una serie interminable de archivos, de información repetida. Día a día, antes de irse a dormir, repasaba lo anotado sobre una página casi en blanco porque así era parte de su memoria al día siguiente. Al principio, no parecía ser tan duro como ahora y le daba miedo dormirse. Despertar era sentirse perdida. No saber dónde estaba, con quién estaba, cuándo, cómo… Todo cuanto vivía, experimentaba, pensaba, hacía… quedaba perdido a largo plazo, un plazo que no abarcaba más allá de, en ocasiones, minutos; a veces; horas. Y nunca superaba aquella jornada. 

Habían pasado ya varios meses desde el accidente pero su amnesia anterógrada la mantenía esclava a la inexistencia de recuerdos. Un paso lleva a otro paso pero, en su caso, un paso siempre era un primer paso que no llegaba a ninguna parte. Un antes lleno de recuerdos. Un después lleno de olvidos. Ni tan siquiera tenía tiempo de sentirse mal, ni decepcionada, ni impotente. Se le olvidaba. Su mente era un continuo ordenador siendo reseteado sin haber guardado antes la información. Información caduca. Información perdida. Cierre de pantalla. Documento nuevo. Su vida era nacer cada día pero con menos tiempo para vivirla. 

Le habían recogido la cafetera de cápsulas y se hacía el desayuno con la cafetera de toda la vida. No tenía un teléfono inteligente. Le daba igual tener cien canales de televisión o ver repetida la película del lunes el domingo y seguía haciendo fotografías con la vieja réflex aunque olvidaba que las había hecho. 
No pensaba en Flavio a pesar de ser el hombre que amaba. Tampoco cuánto lo amaba y su nombre era olvidado al tiempo de ser pronunciado. Era un tipo simpático que le traía flores todos los días, que dormía en la habitación de al lado según que noches, que le tocaba con la guitarra su canción favorita, que le preparaba el desayuno los días de fiesta y le hablaba de sueños compartidos que no siempre sentía fueran suyos, de lugares a los que no habían ido… pero irían. Le hablaba mil veces de unas flores del desierto que crecían a la luz de la luna y olían como azahar, de cómo se habían conocido o cómo había sido aquel primer beso o, incluso, cómo había sido de especial haber hecho el amor en aquella cabaña de la montaña. Solo sabía que se sentía muy bien a su lado y se llenaba de felicidad, que le encantaba ser besada y abrazada por él, que se volvía loca cuando le hacía el amor… Y luego, todo era empezar...

Pero cada dos por tres se encontraba un cartel, un folio rosa flúor con una larga explicación que le recordaba que debía repasar su memoria artificial: Ir al salón, abrir el ordenador y ponerse nerviosa porque el sistema era nuevo aun siendo ya obsoleto. Buscar los archivos que tenía escritos según el calendario de su agenda, de la que no se separaba por nada del mundo, donde iba apuntando con frases inconclusas y expresiones alteradas aquello que vivía en un momento dado y le llamaba la atención. Ir a la pared del pasillo, obligado paso para moverse por la casa y donde se acumulaban fotografías de personas y cosas con datos pertinentes que le sirvieran de recurso. 
Sin embargo, nunca le había gustado hacer punto y no había puesto interés alguno en aprender. Ahora hacía unos encajes preciosos. Nunca un gato tuvo una mantita tan trabajada. 

Al final del día siempre tenía una nota que no era suya y que continuaba para ser la primera anotación del día siguiente: 

... Hoy es un nuevo día, cielo. Todo un mundo por descubrir, un recomenzar. Vuelve a brillar el sol. Lo que pasó ayer ya no importa. Hoy tenemos de nuevo todas las oportunidades. Estás en mi mente y sé que yo estoy en alguna parte de la tuya. Mira mi foto. Mira a Flavio. Mira al hombre que te ama, que te busca y que esta noche te hará el amor. 
Ten un buen día, amor. Te he dejado el café hecho. Muah… Muah… 

La fotografía de ambos en París era el marca páginas de la agenda. La tomó en su mano y sonrió: 

- Sé que te amo pero lo olvidaré en un momento. No volveré a pensar en ti hasta que vuelva a ver la foto y sonría de nuevo. En algún momento entrarás en casa y volveré a preguntarme por qué…




Tema 7-52: Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.

2 de marzo de 2017

6

A los pies del  Coloso


Abrí los ojos a duras penas. La luz se colaba por los resquicios de una densa cortina mal corrida. Mis párpados parecían dos losas. Me sentía tremendamente cansada y, por un momento, confundida. Me costó ubicarme.


Abracé la almohada. Olía a él. Me envolvió su aroma.
Yo…, yo, también a él, a su sexo, a su esencia… Tenía mi piel impregnada de él.
Tenía agujetas hasta en el alma porque hasta el alma me había follado. Me desentumecí un poco y mi cuerpo se resintió encima de las sábanas.
Un intenso aroma a café envolvía el ambiente. Y me pregunté si había dejado que el servicio de habitación me viera desnuda sobre la cama. Me entró un repentino sentimiento de pudor… y una convulsión de rabia.

Me acerqué hasta la silla donde estaba su ropa. Quería tocarla, sentirla sobre mi cuerpo. Cogí su camisa, con ese olor tan de él, de su perfume, de su piel… Me embriagué de todo ello, de todo su ser, y sentí que me abrazaba. Sonreí.

Cuando me dijo que le acompañase a Roma, lo último que esperaba es que me fuera a dar aquella noche tan especial. Pensé que sería un viaje más de esos de trabajo, tedioso y largo. Y, realmente, así habían sido las jornadas anteriores. Terriblemente tensas, sin un minuto para relajarse.

Al pasar frente al gran espejo sobre el taquillón, me alcé sobre mis puntillas. Me picaban los glúteos. Con razón. Todavía  tenía  rubores en mis nalgas de las palmadas dadas.
Sonreí con cierta picardía. Sarna con gusto no pica aunque mortifica. Pero sentirme así, atrapada en sus dominios, gozar de ese deseo, de su virilidad, del golpeteo de sus palabras ahogándome las ganas al tiempo que enervaba mis lujurias… Sentirme tan hembra, tan salvaje y tan atrapada en sus garras. Una experiencia indiscutiblemente repetible.

Me serví una taza de café, y me acerqué al balcón cuyas puertas permanecían a medio cerrar. Un sol resplandeciente, con alguna nube en el cielo y al fondo, el Coliseo. Imponente. La ciudad bullía y el café se deslizaba por mi garganta. Me perdía en esa sensación mientras el fresco de la mañana se colaba por debajo de la camisa, erizando mi piel… sin percibir la presencia de Mark acercándose por detrás hasta que su pecho se apoyó en mi espalda. Me sobresalté. Sus brazos se cruzaron en mi cuerpo, y su aliento se fijó en mi cuello.


- No imaginé nunca que mi camisa pudiera sentarte tan bien –me susurró mientras rozaba el lóbulo de mi oreja con sus labios. Mis pechos se irguieron… Su aliento, la sensación de sentirle tan cerca, su erección en mi piel, mi imaginación llena de lujuria. Eché la cabeza hacia atrás cuando sus manos atraparon mis pechos.

- Todavía me duele el culo…
- Eres una floja. Fueron cuatro palmaditas de nada… -aseguró mientras bordeaba la cadera para centrarse sobre mi sexo.- Y todavía estás mojada. Anoche me sorprendiste aunque sabía que dentro de ti hay una viciosilla. Te comportaste como una salvaje y al final cediste como me gusta. Quiero que seas siempre así en mi cama…- musitó, de pausa en pausa, besándome el cuello, mordisqueándome. Noté que me estremecía entera, que mi cuerpo temblaba, que volvía a sentirme húmeda… y solo me había rozado. Sin profundizar más. Abrí mis piernas cuando sentí sus dedos rozando mis labios…- No sueltes la taza –inquirió adentrándose en mí, cerrando sus dedos en torno a mi clítoris que parecía esperarlo con cierta ansiedad. Nada más fue tocado, reaccionó.



Abrió la camisa. Dejó al descubierto mis pechos… Los buscó, los magreó suavemente, despacio…, indagando en la erección de mis pezones. En ellos todavía sentía la tirantez de la noche anterior, la tortura sufrida por sus dientes, por sus labios, por sus manos… Aquellos tirones, aquellas retorcidas… Aquellos gemidos que me había provocado; los gritos que había acallado tapándome la boca, echándome hacia atrás mientras me empotraba una y otra vez…

Ahora, en ese momento, ahí, con Roma ante mis ojos, Mark provocaba mi excitación. Hacía que mi sexo empezara a llorar por sus gestos, por él, por las ganas de ser poseída de nuevo, de entregarme sumisa, completamente cedida, consintiéndolo…

Costaba mantener la taza en equilibrio. Las piernas me temblaban, y las ganas de aferrarme a él, de poder tocarlo, sentirlo…, me turbaban un poco.
Mi respiración se entrecortaba al mismo ritmo que el café retemblaba en su recipiente. Del mismo modo que mi cuerpo temblaba entre los brazos de ese hombre que me había llevado a la realidad de una experiencia mil veces imaginada.

- Si se te cae una gota de café, te castigaré… -me dijo con tanto convencimiento que me revelé. No acepto bien las órdenes y como juego estaba bien pero me sonó demasiado autoritario.
- ¡Deja de decir ya tonterías!  –Y al tiempo que lo decía, él me dio una palmada en el trasero. Entre que no me lo esperaba y que ya andaba con el equilibrio reducido por la excitación, el café se me desbordó de la taza, cayendo sobre la camisa. Le miré y quise ponerme en mi sitio. Me quitó la taza de la mano, con toda la serenidad y parsimonia del mundo, como si ni me escuchara ni oyera siquiera. La dejó sobre la mesa. Me miró. Por un momento pensé que iba a estamparme una bofetada. Su mano se abrió y me agarró de entre las piernas con fuerza, juntando mis labios, haciéndome poner de puntillas y provocando mi quejido. Amén de que estaba resentido de los toques a mano abierta recibidos en la noche. Me tapó la boca con su mano libre. Y juro que sentí cierta desazón.
- No grites… Te he avisado.

Supongo que se dio cuenta del mensaje que con la mirada le envié y aflojó ambas presiones. A cambio, me hizo caer de rodillas. Desanudó la toalla que se ceñía a su cintura, dejándola caer al suelo. Su pene estaba completamente erecto. Ahí, ante mis ojos, a la altura de mi boca. Agarró mi pelo como quien toma una rienda, y me sentí yegua domada, amedrentada por un segundo…
El juego no había terminado.
Me obligó a levantar la cabeza. Se inclinó. Me besó con rotundidad, casi doliendo…

-Ahora me harás caso y no es bueno que protestes… Te voy a llevar a semejante locura que suplicarás más… Abre la boca –ordenó mientras se ponía erguido. 

Obedecí sin rechistar, y no por sentirme amilanada, sino porque dentro de mí emergían unos deseos incontrolables de sentirle, sentirme, complacernos. Todo se me venía de forma natural como aquella arcada que me invadió al sentir su dureza clavada en mi boca. Ahí se mantuvo, probando mi resistencia, percibiendo mi agonía en ese momento. Sentí que me ahogaba… hasta que empezó a retirarse levemente.  Y el alivió se mimetizó con la leve pero decidida bofetada que me dio en la mejilla, mostrándome su dominación o para espabilarme, para mantenerme alerta... No me la esperaba. No contaba con ella y me enfurecí. Me aferré con las uñas a sus muslos. Clavé con fuerza y él empezó a embestirme, a profanarme la boca…
Sin contemplación… Dentro… Fuera…
Con rabia, con ganas… hasta que mis lágrimas se mezclaron con mi saliva…, y esta, con su bálsamo. 
Me lo bebí golosa, hambrienta,  famélica, ávida… mientras en mi mente sentía una liberación especial, un sentir en mi cuerpo se extasiaba el sentido de la suma entrega, de la sublimidad de ser poseída, culminada en un gozo compartido, ajena a todo sentido de humillación, de mal uso…
Sí, me sentí usada en plenitud, por consentimiento propio.

Ese día fue una fecha importante, ocho de noviembre. Mi nacimiento. El primer día de todos los que luego han venido; un día de entrega, de reconocimiento mutuo, una forma de sentir y de vivir nuestra sexualidad, nuestro modo de vivir nuestros encuentros más íntimos. El día que reconocí mi entrega. El día que me hice Suya. El día que no dejó de ser MÍO.

Tema 6-52: Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.

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